jueves, 5 de noviembre de 2026

Mi libro de vida - podcast - Episodio 33 - Habitaciones de los recuerdos


Habitaciones de los recuerdos

Hay días en los que la memoria no te pide permiso; simplemente te asalta. Eso me ocurrió el día que cumplí cincuenta y cinco años, al cruzar las puertas del Palacio Real de Madrid. Una construcción monumental ideada en el siglo XVIII por Felipe V, donde cada salón tiene una función, un nombre, una virtud esculpida en sus techos. Pero mientras caminaba por sus galerías, lo que vi no fue la historia de la monarquía, sino el mapa calcado de mi propia alma. Vi las lágrimas que he derramado a lo largo de toda una vida.


Ahí comprendí el significado profundo de las Habitaciones de los Recuerdos. Para quien convive con la depresión, el pasado no es un archivo cerrado al que acudes de vez en cuando; es una arquitectura invisible pero aplastante que te rodea a cada segundo. La depresión te encadena a un bucle infinito donde cada día, cada hora y cada parpadeo te devuelven a los traumas, a las heridas y a los sufrimientos que creías haber dejado atrás. Te pone frente al espejo de lo que fuiste y de lo que no pudiste ser.


En el palacio caminé por la Habitación de los Espejos, y en cada reflejo no vi reyes ni tapices: vi a ese niño asustado que fui, al hombre que luchó a ciegas contra sombras demasiado oscuras. Pasé por la Habitación del Valor, sintiendo el peso de esa guerra interior contra el pasado que agota hasta la última gota de fuerza. En la Habitación de la Verdad se agolparon las mentiras que sofocan, los silencios que ahogan y los pensamientos que no te dejan respirar. La depresión funciona exactamente así: te convierte en un fantasma caminando por tus propios pasillos, con miedo a que te vean, buscando desesperadamente un rincón donde simplemente no duela existir.


Busqué la Habitación de la Justicia no para ajustar cuentas, sino como una súplica por la paz que le faltó a ese joven que jamás pudo sentirse libre. Me detuve en la Habitación de la Victoria, donde he intentado mantenerme en pie luchando con mis propias manos, entregando el alma en cada canción para intentar sanar. Y finalmente me enfrenté a la Habitación de la Paz, ese lugar tan lejano y difícil de encontrar que he perseguido durante toda mi vida.


La realidad de vivir con depresión es que ese Palacio de los Recuerdos se habita a diario. El silencio que te envuelve en los días más oscuros no te trae tranquilidad; te coloca de golpe en el centro de tu pasado, obligándote a revivir una y otra vez historias que parecen no tener fin. Y así, francamente, no se puede vivir. Llegas a un punto en el que el alma no pide victorias, ni justicia, ni grandes triunfos. Solo pide un tregua. Pide que la paz llame a la puerta, que la lucha pare y que el interior pueda, por fin, descansar.


De esa casualidad, de esa coincidencia entre los nombres de unas salas reales y las cicatrices de una vida, nace esta canción. Un ejercicio de confrontación total para gritarle al mundo que solo queremos paz, y que de alguna manera, esa paz tiene que llegar.


Y deja una última frase habitual en mí en aquella época, se que llegara mi paz, de una forma u otra llegara.


Enlace a Ivoox

El podcast en YouTube


El video


Habitaciones de los recuerdos


Al cumplir los cincuenta y cinco años

Recorrí el Palacio Real de Madrid

Construido por Felipe Quinto

Allá por el siglo dieciocho


Cada sala tenía su nombre y función

al recorrerlas vi pasar mi vida

las virtudes de un rey,

las lágrimas de mi alma


Habitaciones de los recuerdos,

cuna de mi aflicción

Habitaciones de los recuerdos,

donde siempre he caminado solo.


Habitación de los espejos,

donde todo mi pasado quedó atrapado.

En cada espejo, a cada edad, luché

contra sombras oscuras para un niño o un hombre.


Habitación del valor,

batalla difícil de ganar

Enfrentándome al pasado, la guerra interior

el coraje poco a poco ve la luz


Habitación de la verdad,

tantos pensamientos se agolpan

Recuerdos de mentiras

No quiero esto, necesito que termine


Habitaciones de los recuerdos,

joven con miedo a todo

Habitaciones de los recuerdos,

no quería que me vieran así

Habitaciones de los recuerdos,

me convirtieron en un fantasma

Habitaciones de los recuerdos,

sigo buscando mi rincón de paz


Habitación de la justicia,

Solo quiero que la paz llame a mi puerta

Por aquel niño que no podía ver

Por aquel joven que no podía ser libre


Habitación de la victoria,

donde me mantengo firme

Luchando por ganar con mis manos

Para conseguir este triunfo ansiado


Habitación de la paz,

tan difícil de encontrar

He pasado mi vida buscándola

puse alma y corazón en esta lucha

Con canciones que intentan sanar,


Habitaciones de los recuerdos, buscando mi camino

Habitaciones de los recuerdos, solo quiero olvidar hoy

Habitaciones de los recuerdos, no quiero luchar más

Habitaciones de los recuerdos, necesito descansar en mi interior

Habitaciones de los recuerdos, no quiero llorar solo

Habitaciones de los recuerdos, ¿cómo puedo pedirlo?

Habitaciones de los recuerdos, cada situación es un recuerdo que pasa

Habitaciones de los recuerdos, lo vivo y lo sufro cada día

Habitaciones de los recuerdos, solo quiero paz en mi interior

de alguna manera llegará


Francis Taza

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Mi libro de vida - podcast - Episodio 32 - Lo se, tu no


 

Lo se, tu no


Bienvenidos a un nuevo episodio del podcast Mi libro de vida: del abuso a la sanación. Hoy toca hablar de una canción que en su momento original titulé I know, you don't y que para esta versión del trabajo se llama simplemente Lo sé, tú no. Para entender por qué esta canción entra precisamente en este momento del proyecto, hay que mirar un poco hacia atrás en todo lo que os he ido contando. En el primer bloque del programa vimos mis traumas, el dolor y la depresión, y justo después vino la canción Llévame, que es donde aparece ese ángel que me rescata y me salva la vida. Pero que alguien aparezca y te salve no significa que al día siguiente estés curado. Yo estaba vivo, sí, pero no estaba bien para nada. Seguía metido en una depresión enorme, y era necesario meter este tema aquí porque, tras haber intentado suicidarme, la idea de la muerte no desaparece por arte de magia de la noche a la mañana.


El título nace directamente de mi día a día en aquella época, en concreto de esas conversaciones telefónicas o por WhatsApp que tenía con un amigo. Él, con toda su buena intención, me soltaba las típicas frases para intentar animarme ante las cosas negativas que yo le decía. Y mientras le escuchaba, por dentro yo pensaba que yo me levanto cada mañana con la idea de la muerte en la cabeza, luchando a diario para que no ocurra, pero deseando descansar ya de tanto sufrimiento. Yo pensaba que yo sé cosas que nadie más sabe, cosas que me guardo y no cuento, así que de ahí salió el Lo sé, tú no. Yo lo sé y tú no, usando ese tú para referirme a todo el mundo que me rodeaba.


Cuando abro la canción diciendo que me ven sonreír, estoy hablando de esa fachada. La gente veía mi risa o mi alegría aparente, incluso tras la muerte de mis padres, y daban por hecho que yo era fuerte, pero la realidad es que por dentro no estaba bien. Mi lado bueno ocultaba mi oscuridad. Me ponía esa máscara con una sonrisa y ensayaba. Es fácil ocultarse y mentir cuando te has pasado la vida entera haciéndolo. Cuando digo que ellos me hicieron así, me refiero directamente al abuso sexual y al abuso emocional que sufrí desde niño. Eso me enseñó a callarme, a ocultar la verdad y a mentir para sobrevivir, y al final todo eso me hacía detenerme, darle vueltas a la cabeza y querer morirme. Por eso en el estribillo repito que mi interior es una pesadilla y que por fuera parezco estar bien, porque da igual lo que la gente suponga desde fuera, siempre fallan en su percepción.


Al avanzar en la letra hablo de que ahí abajo es difícil pensar y de que solo quiero volar. Cuando estás metido en una depresión tan profunda no piensas en lo bueno que tienes a tu alrededor, solo piensas en marcharte. Te sientes completamente solo aunque estés rodeado de gente. Me describo como un actor sin un público que me entienda, alguien que construyó un muro tan alto que ya no sabe cómo cruzarlo, preguntándome si quiero ir al otro lado, porque en ese momento la única salida que mi mente veía era la propia muerte. Los abusos me obligaron a construir esa máscara.


En la parte final del tema me miro en el espejo y no me reconozco. En esa etapa me costaba reconocer la persona en la que me había convertido y echaba de menos muchas cosas. Ahí planteo la imagen de dos reflejos de un mismo cuerpo en el mismo espacio y lanzo la pregunta de a cuál de los dos eres capaz de ver, si al bueno o al malo, y a cuál de los dos ayudarías a liberarse. Es un dilema para quien escucha. El estribillo final se vuelve rotundo: todos creen que estoy bien, pero nadie me conoce de verdad ni sabe lo que paso por dentro. Decir estoy bien o no te preocupes son las dos mentiras más grandes que he repetido en mi vida. Me volví un experto en fingir.. La canción termina con ese grito de solo quiero morir en paz. Esta canción es una radiografía brutal del dolor silencioso y de la fragilidad entre la vida y la muerte. Pero lo verdaderamente importante de todo este viaje, y lo que iremos viendo en los próximos temas, es que esa línea al final se rompe hacia el lado positivo, porque en la música encontré mi salvavidas y en mis propias letras la forma de sanar y salir adelante.


Enlace a Ivoox

https://www.ivoox.com/episodio-32-lo-se-tu-no-audios-mp3_rf_183099715_1.html


El podcast en YouTube



El video



La canción en suno https://suno.com/s/GCGaOcizX2sNGfr2


Lo se, tu no


Me ven sonreír y piensan que todo va bien.

Creen que soy fuerte, inquebrantable por naturaleza.

Hablan de mi alegría, de mi risa tan brillante.

Conocen mi nombre, mi historia, mi lugar.


Mi lado bueno oculta mi oscuridad

Me pongo una máscara con una sonrisa.

Ensayo mi guión antes de salir.

Siempre tengo un «estoy bien» en mis labios.


Me resulta fácil ocultarme y mentir

He pasado mi vida ocultando la verdad.

Ellos me hicieron así. Escribí sobre eso.

Me hace detenerme, pensar, y querer morir.


lo sé, tú no: tanto dolor y desesperación.

lo sé, tú no: mi interior es una pesadilla.

Lo sé, tú no... Por fuera parezco estar bien.

Lo sé, tú no... Pienses lo que pienses, te equivocas.


Detrás de estos ojos, la tormenta sigue rugiendo.

Mientras el mundo aplaude, por dentro muero.

Cada «bien» es una mentira, una espina clavada

Saben mi nombre, pero no el infierno que guardo.


El agotamiento pesa, cada día es una guerra.

Las lágrimas que no puedes ver me ahogan

Un nudo en la garganta que no puedo soltar.

Lágrimas que no verás bajo esta falsa paz.


Lo que realmente quiero es que todo se detenga.

A veces encuentro alivio en la idea de no despertar.

Mi «estoy bien» es un grito reprimido.

Un grito que dice que quiero morir.


Lo sé, tú no, ahí abajo es difícil pensar.

Lo sé, tú no, solo quiero volar.

Lo sé, tú no, rodeado de gente, pero me siento solo.

Lo sé, tú no, mi sonrisa no dice lo que tú crees.


Miles de ojos me miran, pero nadie puede ver.

Soy un actor, sin un público que me entienda

Construí un muro tan alto que no sé cómo cruzar

A veces me pregunto si quiero ir al otro lado


Me hicieron construir una máscara

Una fachada de cristal a punto de romperse

El papel que interpreto para ganar ese premio

Mi sombra me persigue en la oscuridad de mi alma


Me miro en el espejo y no me reconozco.

Dos reflejos de un mismo cuerpo en el mismo espacio.

¿Cuál de los dos eres capaz de ver?

¿A cuál de los dos ayudarías a liberarse?


Lo sé, tú no... todos creen que estoy bien.

Lo sé, tú no... nadie me conoce de verdad.

Lo sé, tú no... los que hablaban nunca tenían razón.

Lo sé, tú no... «Estoy bien», «No te preocupes»,

Lo sé, tú no... experto en fingir.

Lo sé, tú no... una máscara cada día.

Lo sé, tú no, detrás del cristal, la herida sigue viva.

Lo sé, tú no, solo quiero morir en paz.

Lo sé, tú no. en paaaaaaaz

Lo sé, tú no.

Lo sé, tú no.


Francis Taza

martes, 3 de noviembre de 2026

Mi libro de vida - podcast - Episodio 31 - Sueños

 


Sueños

Durante muchísimos años mi vida ha tenido una constante: ponerme en segundo plano para volcarme en los demás. He dedicado tiempo, energía y alma a sostener a otros, a escuchar sus batallas y a buscar la forma de ayudar a quien lo necesitara. Pero llega un punto en el camino, una encrucijada inevitable, en el que te das cuenta de que si tú te rompes por dentro, ya no te queda nada para ofrecer al mundo.

Esta vez el enfoque ha cambiado radicalmente. En esta ocasión me tocaba a mí.

Esta canción, este episodio y este paso que doy no nacen de un impulso egoísta, sino de una necesidad absoluta de supervivencia y sanación. En un principio, la idea de este proyecto era hablar de sueños ajenos, poner la voz en las luchas de otros. Pero algo dentro de mí hizo clic. Comprendí que no podía seguir huyendo de mis propias sombras ni aplazando mi propia paz. Para poder ser un faro para los demás, primero tenía que salir yo del sendero de la tristeza y de la muerte.

Tener sueños, para mí, ha dejado de ser una teoría abstracta. Hoy significa algo tan puro y tan urgente como desear una vida feliz, libre del peso de tantos malos recuerdos que me han acompañado durante décadas. Significa tomar de una vez por todas el bolígrafo y escribir mi "Libro de Vida" con mi propio puño y letra, sin dejar que el pasado o las etiquetas de otros decidan el final de mi historia.

Y la paradoja de todo esto es que, al sanarme a mí mismo, la misión cobra un sentido todavía más real y potente. Este proyecto nació como un sueño personal con un fin muy claro: ayudar. Dar visibilidad al abuso sexual infantil para que ningún niño ni ninguna niña vuelva a pasar por ese infierno. Servir de apoyo a quienes pelean cada día contra el pozo de la depresión. Demostrar que, por muy profunda que sea la marca, la voz y la música son herramientas capaces de derribar cualquier muro y devolver la esperanza.

Hoy me pongo en pie, firmo mi propio destino y reclamo mi lugar. Porque esta vez me tocaba a mí, y porque solo sanando desde la verdad se puede ayudar de verdad a los demás.

Enlace a Ivoox

https://www.ivoox.com/episodio-31-suenos-audios-mp3_rf_182956210_1.html

El podcast en youtube


El video


La canción en suno https://suno.com/s/wXS45vm03osiHG3J

Sueños Sueños, Un fuego arde dentro de mi alma, una meta lejana por la que voy a luchar. Cierro los ojos e imagino el camino, un abrazo cálido que me reconforta. Un sueño es una ola que quema con fuerza, una meta lejana que mi alma desea. Un rincón a oscuras donde acecha el miedo, pero si te arrimas, su luz te atrapa. Sueños, una batalla que me niego a perder, Sueños, un destino que me toca elegir. Sueños, mi llanto, mi voz, mi fuerza, Sueños, la llama que prende mi vida El mayor sueño: poder verte triunfar, toda una vida buscando historias que contar. Sueños que creí que jamás me tocarían, pero hoy me doy cuenta de que no era así. En la encrucijada, una parada obligada, ha llegado el día, la hora se acerca. Parecía tan real, luchar es el único camino, vivir peleando, ahí está mi pasión. Sueños, una batalla que me niego a perder, Sueños, un destino que me toca elegir. Sueños, mi llanto, mi voz, mi fuerza, Sueños, la llama que prende mi vida Si un sueño te llama, no dejes de pelear, la música te guía y te mantiene en pie. Tu sueño es el mío en esta canción de rock 'n' roll, unidos por la fuerza, al lugar donde pertenecemos. Sueños, esperando la llamada de mi destino, ha llegado mi hora y lo voy a dar todo. Cumplir mis deseos, alcanzar mi gloria, la hora de mi sueño, encontrar mi lugar. Sueños... sueños... sueños... sueños... sueños...

Francis Taza

domingo, 1 de noviembre de 2026

Mi libro de vida - podcast - Episodio 30 - Persiguiendo mi destino

 


Persiguiendo mi destino

Hay cicatrices que no se ven a simple vista, pero que marcan cada paso que das por la calle. Durante décadas he caminado con la sensación de llevar encima un disfraz, una coraza pesada construida para protegerme de un mundo que no dudó en juzgarme, etiquetarme y hacerme sentir pequeño desde que apenas tenía ocho años. A veces, el peso de esa mirada ajena y el ruido del pasado se convierten en una carga que no te deja respirar.

Crecer con esa marca cambia la forma en que miras a los demás y, sobre todo, cómo te miras a ti mismo. Te acostumbras a caminar rozando las paredes, midiendo cada gesto y esperando siempre el golpe o la burla a la vuelta de la esquina. Aprendes a construir un personaje para sobrevivir al día a día, pero por dentro la herida sigue abierta, recordando a cada instante que no te dejan ser quien realmente eres.

En esa búsqueda por saber dónde encajaba y por acallar el miedo, busqué respuestas en espacios al margen, en la piel de quienes también vivían en las sombras y compartían la necesidad de sentir sin juzgar. Fue un camino a tientas, entre miradas y encuentros en la penumbra, intentando entender mi propia identidad y comprobar que mi alma es de hombre, por mucho que las mentiras del pasado intentaran decir lo contrario.

Fueron años de andar a ciegas, buscando reflejos en espejos rotos y tratando de descifrar un puzle al que siempre le faltaban piezas. Cada paso en esa penumbra era un intento desesperado por encontrar un lugar seguro, un refugio donde no hiciera falta dar explicaciones ni pedir perdón por existir.

Aunque las dudas amenazaran con volver, también en esa intimidad encontré una certeza: que tras la armadura hay un hombre capaz de sentir, de levantarse y de pelear. Todo ese recorrido no fue un desvío; fue parte del proceso para comprender que soy mucho más que esa herida.

Entender que el dolor no define tu valor lleva tiempo, sudor y muchas noches en blanco. Exige mirar a la cara a los fantasmas que te acompañaron desde la infancia y decirles que ya no tienen poder sobre ti. Que las etiquetas que te pusieron de niño eran solo el reflejo del veneno de otros, no tu verdad.

Hoy sigo persiguiendo ese destino que me dé la paz que necesito. Sigo quitándome de encima un disfraz que ya no me pertenece. Sé que no es un cambio mágico; sigo vigilando mi espalda y manteniendo la guardia alta porque el instinto no se borra tan fácil. Pero hay una diferencia fundamental: ese niño que estuvo atrapado en el fango y sin nombre, hoy por fin se mira al espejo, se reconoce y se nombra.

Enlace a Ivoox

https://www.ivoox.com/episodio-30-persiguiendo-mi-destino-audios-mp3_rf_182887504_1.html

El podcast en YouTube


El video




La canción en suno https://suno.com/s/4ipOwgVsUOvSkkfG

Persiguiendo mi destino


Ocho años apenas y el mundo se hundió

En juegos desnudos que el tiempo ensució

Una frase maldita que me hizo dudar

Y desde ese día solo quiero huir


Camino en sombras para no estorbar

Un muro de hielo difícil de cruzar

Me llamas borde por no ver mi miedo

por no ver las marcas que llevo en el cuerpo


Vigilo mi espalda, no dejo pasar

A nadie que el alma me pueda tocar

Tapando con ropa lo que siento mal

En este desierto de juicio constante


Mi destino está lejos, donde no haya voz

que me ponga etiquetas o me diga adiós

Donde mi reflejo no me haga sufrir

Y encuentre por fin una forma de vivir


Persiguiendo mi destino que me dé la paz

Para este niño roto que hoy es…¿Quién?

Persiguiendo mi destino, buscando el perdón

Para este niño roto que hoy es… ¿Qué?


Busqué en otros cuerpos saber quién era yo

Pero el eco del asco nunca se marchó

Ni el tamaño, ni el nombre, ni lo que dirán

Son dardos de fuego que vienen y van


Soy el silencio que cruza la calle
El que no permite que nadie se acerque
Guardando la espalda de un mundo malvado
Vigilando sombras en cada detalle

Ni un paso por detrás, ni una mirada

Siento el peso de una burla grabada

Creyendo que mi cuerpo cuenta una historia

Que solo es un trauma atrapado en mi memoria


Busqué en el espejo y no vi más que dudas

En noches de insomnio y de manos desnudas

Comprobando en otros lo que yo ya sabía

Que mi alma es de hombre, aunque el miedo mentía


Persiguiendo mi destino que me dé la paz

Y me quite de encima este puto disfraz.

Persiguiendo mi destino, buscando el perdón

Para este niño roto que hoy no tiene nombre


Me siento pequeño ante el juicio del mundo

Llevando este peso, un dolor tan profundo

Pero en la mirada de quien se me entrega

Encuentro la fuerza que el miedo me niega


No soy lo que parezco, me dijeron un día

Tras mi timidez hay una fuerza escondida

Aunque me odie a ratos y me tape la cara

Soy mucho más que esa herida tan rara


Persiguiendo mi destino que me dé la paz

Y me quite de encima este puto disfraz

Persiguiendo mi destino ooohhhhhh

Persiguiendo mi destino 

Persiguiendo un rastro que el miedo borró

Persiguiendo mi destino, buscando el perdón

Para este niño roto que hoy... por fin se nombra


Francis Taza