LA OTRA CARA DEL ROCK
A veces me paro a pensar en lo que realmente nos mueve a los que llevamos el rock tatuado en la experiencia y no solo en la piel. Llevo años en la trinchera con Málaga Es Rock y ahora con mi proyecto más personal, My Book of Life, y si algo he aprendido es que la música es solo la punta del iceberg de algo mucho más denso y humano. Por eso, cuando descubres espacios como Destriparock, te das cuenta de que todavía hay gente que entiende de qué va esto de verdad. No estamos ante el típico canal de música que se limita a analizar si un solo de guitarra es técnicamente perfecto o si la producción de un disco tiene más o menos pegada, porque aquí lo que se busca es ir directo al hueso, a lo que duele y a lo que cura.
Lo que hace que estas entrevistas sean algo único es que se atreven a cruzar la línea roja que separa al músico de la persona, permitiéndonos ver la fragilidad y la fuerza que hay detrás de cada nota. En Destriparock la conversación se expande hacia terrenos que pocos se atreven a pisar en este género, hablando de la psicología del artista, de los miedos que acechan cuando se apagan los focos y de cómo la vida te va moldeando a base de golpes y aciertos. Es una forma de entender nuestra cultura no como un producto de consumo, sino como un reflejo social y emocional donde cabe la salud mental, la superación y esa filosofía de vida que compartimos los que ya peinamos canas y seguimos buscando respuestas en una canción.
Para alguien como yo, que siempre ha visto el rock como una herramienta terapéutica y una forma de canalizar los traumas que la vida nos pone delante, encontrar este nivel de honestidad en una charla es una bocanada de aire fresco. No se trata solo de promocionar un evento o un lanzamiento, sino de crear un archivo humano de vivencias que nos conectan a todos. Al final, cuando destripas el rock de esta manera, lo que queda encima de la mesa es la verdad desnuda de quienes somos, con nuestras luces y nuestras sombras, demostrando que detrás de cada acorde hay una historia que merece ser escuchada con la misma intensidad con la que se toca. Es un recordatorio necesario de que el rock, antes que espectáculo, es pura vida compartida sin filtros ni artificios.
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Hablar de Paco Jiménez es hablar de una institución que va mucho más allá del micrófono porque es un tipo que lleva el rock inyectado en el ADN desde hace más de cuarenta años y eso se nota en cada charla que plantea. Ha pasado por todas las facetas posibles de esta industria, es una voz de referencia en la radio con su mítico programa, pero lo que realmente lo define es esa capacidad de conectar con el lado más humano del artista. Lo que Paco ha conseguido con Destriparock no es solo un canal de entrevistas al uso, sino un refugio donde la música sirve de excusa para abrirse en canal y soltar todo lo que uno lleva acumulado en el pecho.
En mi caso personal, sentarme con él fue una experiencia transformadora porque consiguió que sacara fuera todo lo que tenía guardado, esas vivencias y cicatrices que a veces se quedan atascadas si no encuentras al interlocutor adecuado. Paco no te interroga, te acompaña en el relato, y eso hizo que tras la entrevista me sintiera liberado y con una paz mental que hacía tiempo que no experimentaba. Es un profesional que entiende que el rock es supervivencia y que, al final del día, lo que queda es la honestidad de la persona, convirtiendo cada encuentro en una terapia compartida que nos recuerda por qué seguimos amando este género con tanta fuerza.
Detrás de la fuerza de las entrevistas de Paco, el equipo se completa con la visión artística de Fernando Nadales, que se encarga de dar vida a toda la parte visual y los dibujos que definen la estética del canal, y con el trabajo constante de Zenón Pérez, que como community manager mantiene el pulso de la comunidad y hace que todo este contenido llegue donde tiene que llegar.
video realizado por Danny VerasPaco Jiménez es la esencia pura del rock, el tipo que con su voz y su historia consigue que te olvides de los focos para que solo hable el corazón.
Francis Taza





