domingo, 8 de noviembre de 2026

Mi libro de vida - podcast - Episodio 35 - Ecos de un adiós

 


Ecos de un adiós


En este episodio abro las puertas a una de las vivencias más dolorosas de mi vida: la historia de una profunda y sincera amistad rota. La letra de este tema explora esa inmensa soledad que se experimenta al perder un vínculo puro, el impacto de caminar solo por calles frías, la angustia constante y el peso de una rabia dirigida hacia mi. Es un relato sobre el arrepentimiento, el silencio y la desesperación, pero que, en el fondo, todavía guarda una pequeña y difícil esperanza de que en algún momento la amistad pueda florecer.


Si encontrar una amistad de las de verdad es algo extraordinariamente difícil, perderla resulta alarmantemente sencillo. Un amigo de verdad es aquel con quien puedes compartirlo todo, tanto las cosas buenas como las batallas más oscuras. Para eso están las conexiones reales, para estar ahí en las buenas y en las malas. Sin embargo, no todo el mundo tiene la misma capacidad para sostener el dolor ajeno: cada persona carga ya de serie con su propia mochila en este tránsito por el mundo, y hay quienes, en un momento dado, deciden no llenarla más cuando ven que el peso empieza a ser insoportable. Ante una situación así solo existen dos opciones: escuchar y tender la mano para ayudar, o decidir no involucrarse más y cerrar la puerta. Una elección que, por supuesto, es totalmente respetable.


Hay una frase que me viene a la mente de forma inevitable cada vez que escucho esta canción: la vida nos impone reglas y traza líneas borrosas que jamás deberíamos cruzar. Esas fronteras son peligrosas y solo nos dejan dos caminos: cruzar el límite y vivir arrepentido por las consecuencias, o guardarlo dentro. 


Para mí, la mejor amiga que tuve, aparte de llegar a serlo en muy poco tiempo, demostró algo fundamental: una verdadera mejor amiga te transforma en la mejor versión de ti mismo, me ayudó, me salvó la vida, me aconsejo y es que hay personas que llegan a ti y no se quedan a tu lado para siempre, solo por un corto plazo de tiempo y esta vez fue así, llego, me salvó la vida y marchó. Perder ese refugio deja un abismo que ninguna palabra puede llenar.


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La canción en suno https://suno.com/s/UDRKsnRTp6Ltx8mA


Ecos de un adiós


Era mi mejor amiga, un lazo sincero.

Compartíamos secretos, confiando la verdad.

Le abrí el corazón al revelar mi anhelo,

y esa hermosa amistad para siempre se rompió


Crucé la línea y todo se perdió.

En silencio me quedé, sin liberarme.

Las sombras devoran mi corazón,

se ha ido y solo quedan lágrimas.


Ecos de un adiós, entre sombras que avanzan.

Ecos de un adiós, ese día le hice daño.

Ecos de un adiós, perdido en el camino. 

Ecos de un adiós, hoy me siento un traidor.


Miro las fotos y las risas de ayer.

Aquéllos tiempos dorados de complicidad,

hoy son un muro imposible de cruzar.

Echo de menos a mi mejor amiga y no puedo llorar


Caminando solo ahora, las calles parecen frías,

Los recuerdos me persiguen en este silencio,

Mensajes de texto sin enviar en mi teléfono,

reviviendo la amistad que un día supimos tener.


Ecos de un adiós, maldigo el día en que lo dije.

Ecos de un adiós, el abismo crece en todas direcciones,

Ecos de un adiós, mi alma no encuentra un relevo,

Ecos de un adiós, si el tiempo pudiera volver atrás,


Quizás algún día, el perdón finalmente florecerá,

Y nuestras almas rotas, puedan reunirse como una sola.

Pero hoy, solo encuentro amargura y soledad,

Y la pregunta sin fin, ¿Dónde está consagrada mi amistad?


Ecos de un adiós, cambiaría lo que dije.

Ecos de un adiós, tu silencio no me deja respirar.

Ecos de un adiós, lloro la pérdida de tu amistad.

Ecos de un adiós, he perdido mi camino tranquilo.

Ecos de un adiós, siempre rezaré por ti.

Ecos de un adiós.


Francis Taza

viernes, 6 de noviembre de 2026

Mi libro de vida - podcast - Episodio 34 - Creer

 


Creer (Believe)

Bienvenidos a un nuevo episodio de Mi libro de vida. Hoy quiero hablaros de una canción muy especial, un tema que titulé originalmente en inglés como Believe y que en esta etapa del trabajo se llama simplemente Creer.

Para entender de dónde nace esta canción hay que volver al momento en que mi vida dio un vuelco absoluto. Tras atravesar el infierno de la depresión y tocar fondo, apareció en mi camino un ángel que me salvó la vida. A partir de ese instante se construyó entre nosotros una amistad pura, sólida y profunda. Nos ayudamos a crecer mutuamente, a impulsarnos y a sostenernos cuando todo alrededor temblaba. Yo siempre vi en ella un potencial enorme, unas ganas de luchar y una capacidad para llegar a donde se propusiera, si realmente lo deseaba. Estuve a su lado apoyándola de forma incondicional hasta que las fuerzas no me dieron para más, pero me queda la certeza de haber estado el tiempo suficiente para ayudarla a tomar el camino correcto.

Sin embargo, la vida se complicó. Mi propio dolor, los traumas acumulados y la incapacidad de gestionar lo que llevaba dentro hicieron que cometiera errores. Pedir perdón llegó tarde y la distancia terminó imponiéndose. Y ahí es donde aparece la ironía más amarga de toda esta historia y el núcleo de la canción: la fe que yo tenía en ella sigue intacta hoy en día. Aunque ya no nos veamos, aunque no hablemos, sigo creyendo en su talento, en su destino y en su valía con la misma fuerza del primer día. Pero esa misma entrega incondicional hacia los demás me pasó la factura más alta: por volcar toda mi fe en ella, terminé perdiendo por completo la fe en mí mismo.

Hay una parte en la letra que refleja ese aislamiento tan feroz. En aquella época yo contaba con dos grandes pilares, mis dos mejores amigos: Guillermo y ella. Cuando ella se alejó y la depresión se volvió todavía más pesada, sentí cómo el resto de la gente a mi alrededor se iba retirando poco a poco, incapaces de sostener el peso de mi dolor. Por eso, cuando en la canción digo que al abrir los ojos solo la veo a ella, no es un adorno poético; es la cruda realidad de mirar a tu alrededor y darte cuenta de que los demás ya no están, que tus palabras parecen no servir de nada y que cada intento de avanzar se convierte en un esfuerzo en vano.

Creer es el retrato de un sacrificio silencioso. Es la historia de alguien que sigue creyendo a ciegas en el camino y en la victoria de otra persona, mientras camina entre las ruinas de su propia confianza. Una canción nacida de la lealtad, del dolor de la distancia y de esa fe que, aunque a ti te destruya por dentro, jamás se apaga.

De hecho, la propia portada de este tema y el título en inglés son un guiño directo a un proyecto musical que teníamos en mente y que se quedó en el aire. Aquella idea original era algo más experimental y acústico, pero he querido transformarlo en lo que podría haber sido según la fe que le pones a las cosas: si le sumas fe y lucha constante, puedes disfrutar tanto del proceso como del final. Es un tributo y un homenaje a ese sueño que no llegó a realizarse.


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La canción en suno https://suno.com/s/IiAXZpktiPQhgdc9


Creer


Creo en ti desde el primer día,

tus sueños aún viven dentro de mí.

Creo en la amistad que nos une

Creo en ti, ¿crees tú en mí? 


Creo que puedes forjar tu destino

Creo que debes disfrutar del camino

Creo que tu vida es una bonita canción

creo en ti, ¿sientes tu lugar aquí? 


Unas palabras llenas de verdad, 

un vínculo puro e incomparable.

Todo cambió por eso

Todo se desvaneció en un momento 


Pedir perdón no fue la mejor opción

Alejarse no fue inteligente

Ahora, con la distancia entre nosotros

Solo un adiós nos separa


Sigo creyendo en ti, lo siento de verdad

Tú creíste en mí durante tanto tiempo, 

Ahora parece que no crees en mí 

yo Creo en ti, creo en ti


Hay momentos en los que prefiero callar, 

Y cuando hablo, la gente se retira

Hay momentos en los que digo que no quiero

Y cuando deseo, todo es en vano


Hay veces en que quiero pero no puedo ver

Y cuando miro, solo te veo a ti

Hay veces que veo que lo conseguiré

Y cuando llego, ya lo he perdido


Creo en ti, todavía lo hago

Pero he perdido toda la fe en mí,

Todas nuestras palabras, todos nuestros actos

Perdidos en el abismo de la distancia


Creo en ti, pero ya no creo en mí

Creo en ti

Creo en ti


Francis Taza

jueves, 5 de noviembre de 2026

Mi libro de vida - podcast - Episodio 33 - Habitaciones de los recuerdos


Habitaciones de los recuerdos

Hay días en los que la memoria no te pide permiso; simplemente te asalta. Eso me ocurrió el día que cumplí cincuenta y cinco años, al cruzar las puertas del Palacio Real de Madrid. Una construcción monumental ideada en el siglo XVIII por Felipe V, donde cada salón tiene una función, un nombre, una virtud esculpida en sus techos. Pero mientras caminaba por sus galerías, lo que vi no fue la historia de la monarquía, sino el mapa calcado de mi propia alma. Vi las lágrimas que he derramado a lo largo de toda una vida.


Ahí comprendí el significado profundo de las Habitaciones de los Recuerdos. Para quien convive con la depresión, el pasado no es un archivo cerrado al que acudes de vez en cuando; es una arquitectura invisible pero aplastante que te rodea a cada segundo. La depresión te encadena a un bucle infinito donde cada día, cada hora y cada parpadeo te devuelven a los traumas, a las heridas y a los sufrimientos que creías haber dejado atrás. Te pone frente al espejo de lo que fuiste y de lo que no pudiste ser.


En el palacio caminé por la Habitación de los Espejos, y en cada reflejo no vi reyes ni tapices: vi a ese niño asustado que fui, al hombre que luchó a ciegas contra sombras demasiado oscuras. Pasé por la Habitación del Valor, sintiendo el peso de esa guerra interior contra el pasado que agota hasta la última gota de fuerza. En la Habitación de la Verdad se agolparon las mentiras que sofocan, los silencios que ahogan y los pensamientos que no te dejan respirar. La depresión funciona exactamente así: te convierte en un fantasma caminando por tus propios pasillos, con miedo a que te vean, buscando desesperadamente un rincón donde simplemente no duela existir.


Busqué la Habitación de la Justicia no para ajustar cuentas, sino como una súplica por la paz que le faltó a ese joven que jamás pudo sentirse libre. Me detuve en la Habitación de la Victoria, donde he intentado mantenerme en pie luchando con mis propias manos, entregando el alma en cada canción para intentar sanar. Y finalmente me enfrenté a la Habitación de la Paz, ese lugar tan lejano y difícil de encontrar que he perseguido durante toda mi vida.


La realidad de vivir con depresión es que ese Palacio de los Recuerdos se habita a diario. El silencio que te envuelve en los días más oscuros no te trae tranquilidad; te coloca de golpe en el centro de tu pasado, obligándote a revivir una y otra vez historias que parecen no tener fin. Y así, francamente, no se puede vivir. Llegas a un punto en el que el alma no pide victorias, ni justicia, ni grandes triunfos. Solo pide un tregua. Pide que la paz llame a la puerta, que la lucha pare y que el interior pueda, por fin, descansar.


De esa casualidad, de esa coincidencia entre los nombres de unas salas reales y las cicatrices de una vida, nace esta canción. Un ejercicio de confrontación total para gritarle al mundo que solo queremos paz, y que de alguna manera, esa paz tiene que llegar.


Y deja una última frase habitual en mí en aquella época, se que llegara mi paz, de una forma u otra llegara.


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Habitaciones de los recuerdos


Al cumplir los cincuenta y cinco años

Recorrí el Palacio Real de Madrid

Construido por Felipe Quinto

Allá por el siglo dieciocho


Cada sala tenía su nombre y función

al recorrerlas vi pasar mi vida

las virtudes de un rey,

las lágrimas de mi alma


Habitaciones de los recuerdos,

cuna de mi aflicción

Habitaciones de los recuerdos,

donde siempre he caminado solo.


Habitación de los espejos,

donde todo mi pasado quedó atrapado.

En cada espejo, a cada edad, luché

contra sombras oscuras para un niño o un hombre.


Habitación del valor,

batalla difícil de ganar

Enfrentándome al pasado, la guerra interior

el coraje poco a poco ve la luz


Habitación de la verdad,

tantos pensamientos se agolpan

Recuerdos de mentiras

No quiero esto, necesito que termine


Habitaciones de los recuerdos,

joven con miedo a todo

Habitaciones de los recuerdos,

no quería que me vieran así

Habitaciones de los recuerdos,

me convirtieron en un fantasma

Habitaciones de los recuerdos,

sigo buscando mi rincón de paz


Habitación de la justicia,

Solo quiero que la paz llame a mi puerta

Por aquel niño que no podía ver

Por aquel joven que no podía ser libre


Habitación de la victoria,

donde me mantengo firme

Luchando por ganar con mis manos

Para conseguir este triunfo ansiado


Habitación de la paz,

tan difícil de encontrar

He pasado mi vida buscándola

puse alma y corazón en esta lucha

Con canciones que intentan sanar,


Habitaciones de los recuerdos, buscando mi camino

Habitaciones de los recuerdos, solo quiero olvidar hoy

Habitaciones de los recuerdos, no quiero luchar más

Habitaciones de los recuerdos, necesito descansar en mi interior

Habitaciones de los recuerdos, no quiero llorar solo

Habitaciones de los recuerdos, ¿cómo puedo pedirlo?

Habitaciones de los recuerdos, cada situación es un recuerdo que pasa

Habitaciones de los recuerdos, lo vivo y lo sufro cada día

Habitaciones de los recuerdos, solo quiero paz en mi interior

de alguna manera llegará


Francis Taza

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Mi libro de vida - podcast - Episodio 32 - Lo se, tu no


 

Lo se, tu no


Bienvenidos a un nuevo episodio del podcast Mi libro de vida: del abuso a la sanación. Hoy toca hablar de una canción que en su momento original titulé I know, you don't y que para esta versión del trabajo se llama simplemente Lo sé, tú no. Para entender por qué esta canción entra precisamente en este momento del proyecto, hay que mirar un poco hacia atrás en todo lo que os he ido contando. En el primer bloque del programa vimos mis traumas, el dolor y la depresión, y justo después vino la canción Llévame, que es donde aparece ese ángel que me rescata y me salva la vida. Pero que alguien aparezca y te salve no significa que al día siguiente estés curado. Yo estaba vivo, sí, pero no estaba bien para nada. Seguía metido en una depresión enorme, y era necesario meter este tema aquí porque, tras haber intentado suicidarme, la idea de la muerte no desaparece por arte de magia de la noche a la mañana.


El título nace directamente de mi día a día en aquella época, en concreto de esas conversaciones telefónicas o por WhatsApp que tenía con un amigo. Él, con toda su buena intención, me soltaba las típicas frases para intentar animarme ante las cosas negativas que yo le decía. Y mientras le escuchaba, por dentro yo pensaba que yo me levanto cada mañana con la idea de la muerte en la cabeza, luchando a diario para que no ocurra, pero deseando descansar ya de tanto sufrimiento. Yo pensaba que yo sé cosas que nadie más sabe, cosas que me guardo y no cuento, así que de ahí salió el Lo sé, tú no. Yo lo sé y tú no, usando ese tú para referirme a todo el mundo que me rodeaba.


Cuando abro la canción diciendo que me ven sonreír, estoy hablando de esa fachada. La gente veía mi risa o mi alegría aparente, incluso tras la muerte de mis padres, y daban por hecho que yo era fuerte, pero la realidad es que por dentro no estaba bien. Mi lado bueno ocultaba mi oscuridad. Me ponía esa máscara con una sonrisa y ensayaba. Es fácil ocultarse y mentir cuando te has pasado la vida entera haciéndolo. Cuando digo que ellos me hicieron así, me refiero directamente al abuso sexual y al abuso emocional que sufrí desde niño. Eso me enseñó a callarme, a ocultar la verdad y a mentir para sobrevivir, y al final todo eso me hacía detenerme, darle vueltas a la cabeza y querer morirme. Por eso en el estribillo repito que mi interior es una pesadilla y que por fuera parezco estar bien, porque da igual lo que la gente suponga desde fuera, siempre fallan en su percepción.


Al avanzar en la letra hablo de que ahí abajo es difícil pensar y de que solo quiero volar. Cuando estás metido en una depresión tan profunda no piensas en lo bueno que tienes a tu alrededor, solo piensas en marcharte. Te sientes completamente solo aunque estés rodeado de gente. Me describo como un actor sin un público que me entienda, alguien que construyó un muro tan alto que ya no sabe cómo cruzarlo, preguntándome si quiero ir al otro lado, porque en ese momento la única salida que mi mente veía era la propia muerte. Los abusos me obligaron a construir esa máscara.


En la parte final del tema me miro en el espejo y no me reconozco. En esa etapa me costaba reconocer la persona en la que me había convertido y echaba de menos muchas cosas. Ahí planteo la imagen de dos reflejos de un mismo cuerpo en el mismo espacio y lanzo la pregunta de a cuál de los dos eres capaz de ver, si al bueno o al malo, y a cuál de los dos ayudarías a liberarse. Es un dilema para quien escucha. El estribillo final se vuelve rotundo: todos creen que estoy bien, pero nadie me conoce de verdad ni sabe lo que paso por dentro. Decir estoy bien o no te preocupes son las dos mentiras más grandes que he repetido en mi vida. Me volví un experto en fingir.. La canción termina con ese grito de solo quiero morir en paz. Esta canción es una radiografía brutal del dolor silencioso y de la fragilidad entre la vida y la muerte. Pero lo verdaderamente importante de todo este viaje, y lo que iremos viendo en los próximos temas, es que esa línea al final se rompe hacia el lado positivo, porque en la música encontré mi salvavidas y en mis propias letras la forma de sanar y salir adelante.


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La canción en suno https://suno.com/s/GCGaOcizX2sNGfr2


Lo se, tu no


Me ven sonreír y piensan que todo va bien.

Creen que soy fuerte, inquebrantable por naturaleza.

Hablan de mi alegría, de mi risa tan brillante.

Conocen mi nombre, mi historia, mi lugar.


Mi lado bueno oculta mi oscuridad

Me pongo una máscara con una sonrisa.

Ensayo mi guión antes de salir.

Siempre tengo un «estoy bien» en mis labios.


Me resulta fácil ocultarme y mentir

He pasado mi vida ocultando la verdad.

Ellos me hicieron así. Escribí sobre eso.

Me hace detenerme, pensar, y querer morir.


lo sé, tú no: tanto dolor y desesperación.

lo sé, tú no: mi interior es una pesadilla.

Lo sé, tú no... Por fuera parezco estar bien.

Lo sé, tú no... Pienses lo que pienses, te equivocas.


Detrás de estos ojos, la tormenta sigue rugiendo.

Mientras el mundo aplaude, por dentro muero.

Cada «bien» es una mentira, una espina clavada

Saben mi nombre, pero no el infierno que guardo.


El agotamiento pesa, cada día es una guerra.

Las lágrimas que no puedes ver me ahogan

Un nudo en la garganta que no puedo soltar.

Lágrimas que no verás bajo esta falsa paz.


Lo que realmente quiero es que todo se detenga.

A veces encuentro alivio en la idea de no despertar.

Mi «estoy bien» es un grito reprimido.

Un grito que dice que quiero morir.


Lo sé, tú no, ahí abajo es difícil pensar.

Lo sé, tú no, solo quiero volar.

Lo sé, tú no, rodeado de gente, pero me siento solo.

Lo sé, tú no, mi sonrisa no dice lo que tú crees.


Miles de ojos me miran, pero nadie puede ver.

Soy un actor, sin un público que me entienda

Construí un muro tan alto que no sé cómo cruzar

A veces me pregunto si quiero ir al otro lado


Me hicieron construir una máscara

Una fachada de cristal a punto de romperse

El papel que interpreto para ganar ese premio

Mi sombra me persigue en la oscuridad de mi alma


Me miro en el espejo y no me reconozco.

Dos reflejos de un mismo cuerpo en el mismo espacio.

¿Cuál de los dos eres capaz de ver?

¿A cuál de los dos ayudarías a liberarse?


Lo sé, tú no... todos creen que estoy bien.

Lo sé, tú no... nadie me conoce de verdad.

Lo sé, tú no... los que hablaban nunca tenían razón.

Lo sé, tú no... «Estoy bien», «No te preocupes»,

Lo sé, tú no... experto en fingir.

Lo sé, tú no... una máscara cada día.

Lo sé, tú no, detrás del cristal, la herida sigue viva.

Lo sé, tú no, solo quiero morir en paz.

Lo sé, tú no. en paaaaaaaz

Lo sé, tú no.

Lo sé, tú no.


Francis Taza