viernes, 4 de septiembre de 2026

Mi libro de vida - podcast - Episodio 4 - El veneno de las palabras

 


El veneno de las palabras

Hay golpes que rompen los huesos, pero las palabras venenosas se meten en la sangre y pudren la propia identidad. Este tema va de la mano del anterior, enfocado en la misma maldad y en el mismo tiempo en que sufría el primer abuso.

Llegué a Benajarafe con unos 8 años, cuando mi padre compró en la
Urbanización La Sirena, un lugar de ensueño en primera línea de playa y no se vendió hasta 1998. Pasé allí casi dos décadas. 

Yo era solo un niño nuevo que no conocía a nadie. Para no estar solo, me pegué a mi hermano mayor, que hacía amigos fácilmente. En la que creo que fue la única vez que salí con él a la urbanización, apareció ella, ¿su nombre? Luz, tal como la nombro en la canción porque al principio tenía su luz. Aquella figura que parecía dulce por fuera vino a derramar su veneno más vil. Para conseguir sus propios fines, que era ligarse o follarse a Pepe, decidió eliminarme como niño de la pandilla y anularme como persona ante todos. Me cantó, me gritó y atacó mi inocencia y mi sexualidad. Viniendo de los abusos, esa combinación me destruyó por dentro. Me lanzó al exterior sin palabras, sin saber cómo reaccionar, hablar, pensar ni luchar.
Aquello me convirtió para siempre en alguien solitario, amargado y de pocas palabras. Encerrarme en mí mismo y ponerme una coraza de seriedad fue la única defensa que encontré, porque ya era un sufrimiento desmedido para un niño. Me arruinaron la infancia y me robaron la capacidad de ser feliz, sustituyendo la inocencia por una desconfianza constante y una tristeza que se me quedó clavada en los huesos. Me convirtieron en un fantasma que caminaba en vida, ahogado en su propio tormento y sin encontrar un solo segundo de paz.
No quería ni verme, ni oírme, ni sentirme; no me gustaba ni mi imagen ni mi persona, llegué a odiarme. Ya no me gusté nunca más y me odié para siempre.
Me hicieron así estas dos personas, por llamarlas de alguna manera; los odio tanto o más como me he odiado a mí mismo desde siempre.
Desde aquel momento, mi estancia allí o en cualquier lugar de este mundo maldito para mí se convirtió en una condena. Crecí sintiéndome
constantemente observado, juzgado, señalado, rechazado, acorralado,
condenado e invisible, pensando que era raro y lo peor de aquel lugar. No tuve amigos casi nunca; solo me juntaba con algún niño al que los demás también rechazaban, convirtiéndonos en los apartados. Años después, de más joven, alguno se me acercó por afinidad musical, casualidad de la vida, el hermano de ella, pero el daño de raíz ya estaba hecho.
Lo que más me pesa hoy no son solo aquellas palabras, sino el dolor de haber crecido con todo eso a la espalda, solo, en absoluto silencio y sin saber qué hacer. Siento una profunda lástima por el niño indefenso que fui, pero casi más por el adulto en el que me he convertido tras cargar cinco décadas con este peso.




Aquí lo tienes en YouTube 



Y su video  



El veneno de las palabras

Otro recuerdo que me persigue cada día
Cerca de los momentos de abuso, tan lejos
Son esas palabras las que marcaron mi vida para siempre
Ha sido insoportable, 47 años de sufrimiento

En un lugar al que íbamos en el calor del verano
Apareció una luz, parecía tan dulce
Pero no era así, fue el comienzo de mi dolor
Esa luz, esa persona, el reinado de mi peor pesadilla

El veneno de las palabras
querías echarme de la pandilla
El veneno de las palabras
me hundiste profundamente, es horrible
El veneno de las palabras
¿Estar cerca de ti era tan malo?
El veneno de las palabras
No querías testigos menores cuando te follaste a Pepe

Si tengo 8 años, si él me pone boca abajo
y ella me humilla con palabras injustas
Menosprecias mi edad, mi alma, mi sexualidad
Ambos sucesos me destrozan por dentro

Tú creaste mi debilidad, dudo de mí mismo a diario
Dudo de mi capacidad para comunicarme, tan frágil
Mi valor como persona, lo lamento constantemente
Me hiciste crecer con la peor autoestima, es verdad

El veneno de las palabras
Ahora no me miro ni me quiero
El veneno de las palabras
MI MEJOR SUEÑO, UN INFIERNO
El veneno de las palabras
Algún día te arrepentirás

En mis mejores días, sigo dudando de todo
Me hiciste construir un caparazón, sin alegría que aportar
Ni mi aspecto, ni mi persona, ya no me gustaban
Has sido y serás mi peor pesadilla

Ahora no sé quién soy ni cómo soy
No sé cómo definirme, no puedo entenderlo
Tantos años luchando por ser yo mismo
no sé cómo aceptarme. Ya lo ves

El veneno de las palabras
con tus palabras querías alejarme
El veneno de las palabras
solo conseguiste alejarme de todo
El veneno de las palabras
siempre solo y con miedo
El veneno de las palabras
Nadie sabe cómo soy realmente

TÚ MOLDEASTE MI INSEGURIDAD
MI CONFIANZA SE HIZO AÑICOS
¡EL VENENO DE LAS PALABRAS!

El veneno de las palabras, absurdo

El veneno de las palabras es sacar a la luz esa pesadilla, ponerle nombre a la crueldad que moldeó mi inseguridad y empezar a romper ese hechizo para reclamar, por fin, la paz que me robaron.

Francis Taza

martes, 1 de septiembre de 2026

 El retraso diagnóstico, las listas de espera interminables y la psiquiatrización del dolor no son errores administrativos: son violencia institucional y sesgo de género.



 Frente al abandono de la sanidad pública, la información y la organización colectiva son nuestras herramientas de autodefensa.  No estás sola ni exageras. En ENDOSUR FEM abrimos un espacio directo en tu móvil para estar conectadas sin intermediarios ni algoritmos: nuestro canal oficial de WhatsApp.  ¿Qué vas a encontrar en el canal?

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El dolor no se normaliza, los derechos se exigen.  

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Endosur Fem 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Mi libro de vida - podcast - Episodio 3 - Escapar de la luz




Hay heridas que abren la carne, pero hay intromisiones en el corazón que resultan directamente mortales.
Ocurrió casi de seguido, en aquel mismo tiempo en que sufría el primer abuso.
Mientras mi mente de niño intentaba asimilar el golpe, apareció ella a la que en esta canción llamo "Luz", con toda la ironía del mundo, porque no trajo claridad sino la maldad más pura, fría y cegadora, aparte de llamarse así.
Vino a mofarse, a reírse y a atacar mi sexualidad de la forma más vil imaginable delante de todos. Yo era solo un niño de 8 años. Un niño que representaba la pureza, la inocencia, el juego y la limpieza del mundo. No sabía nada de la vida, no entendía qué era aquello, ni cómo debía actuar, ni cómo debía hablar, ni qué se suponía que tenía que hacer. No tenía herramientas para defenderme, ni alcance para comprenderlo, pero la crueldad de las risas y los cánticos me hizo saber que algo estaba terriblemente mal.
Por vergüenza y por ya pensar que todo andaba mal a mi alrededor, jamás se lo conté a mis padres ni a nadie. Me lo tragué todo en absoluto silencio. Y el verdadero dolor que arrastro no es solo aquel golpe inicial, sino la pesadilla diaria que tuvo que sufrir aquel niño solo en el mundo tanto tiempo solo y con eso dentro.
Sin saber cómo reaccionar, me replegué. No solo huí hacia afuera: huí hacia lo más profundo de mi interior. Todo se atrancó en mi alma. Empecé a agachar la cabeza y a esconder mi propio cuerpo. Me tapaba con prendas largas hasta en pleno verano porque esa humillación me hizo aborrecer todo lo que salía de mí: mi imagen, mis maneras, mi voz, mi propia existencia.

Aquellos dos traumas me hundieron por completo. Esa soledad se apoderó de mí y se volvió una condena que ha arruinado mi vida. Las burlas y las risas aún resuenan hoy en mi cabeza con el mismo mal de entonces. La paranoia se convirtió en mi sombra: aunque llegase el primero para ponerme en la fila del colegio, no podía soportar tener a nadie a la espalda; dejaba que todo el mundo me pasara para tener a todos de frente. Así fue en el colegio, en el instituto, en la calle y en la mili. La idea de ir a viajes de fin de estudio, a excursiones o a sitios con multitudes me aterraba. Relacionarme con chicas de joven era un muro gigante. Incluso hoy, después de casi cinco décadas, el sonido de unas pisadas detrás de mí me paraliza por completo, haciéndome imposible dar un paso tras otro.

He caminado en soledad durante 47 años, con poquísimos amigos que milagrosamente se acercaban a mí sin juzgarme. Es ahora, en el presente, cuando por fin cuento con el apoyo de mis amigos y de la familia que me sostiene e intenta ayudarme en medio de esta tormenta.


Aquí lo tienes en YouTube 


Y su video 


Escapar de la luz


Perdido en los ecos de un día de verano

Se llamaba Luz, ella me alejo

Escondido en lo más profundo

una máscara de dolor


Cuarenta y seis años huyendo

Hizo de mi vida un infierno

me arrastró hacia abajo

Para siempre trastornado

sin hacer ruido


Han pasado tantos años

¿Cómo puedo cambiar esto?

Retroceder en el tiempo

dejar atrás ese pasado de dolor


¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?

Escapar de la luz, es todo lo que sé

De sus palabras crueles no puedo escapar

Atrapado en recuerdos que no puedo borrar

Escapar de la luz

Escapar de la luz


Su risa se convirtió en dagas en mi alma

Siempre escondiéndome, esquivando, fuera de control

Nadie me vio, a nadie le importó protegerme

Siempre huyendo de esa luz que se mostró


Las sombras me persiguen día y noche

Las cicatrices no se curan, el odio arde con tanta intensidad

Detesto la luz que me hizo dudar

Mi vida está estancada, no encuentro una salida


¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?

Escapar de la luz, es todo lo que sé

De sus palabras crueles no puedo escapar

Atrapado en recuerdos que no puedo borrar

Escapar de la luz

Escapar de la luz


He conocido el amor, he conocido la pérdida

Pero su luz destrozó el rumbo de mi vida

Sigo buscando una nueva forma de ser

Mi mejor amigo me ayuda a liberarme


¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?

Escapar de la luz, es todo lo que sé

sus palabras aún me persiguen, pero me liberaré

De la luz que intentó cegarme


Una vida, un dolor, pero la esperanza permanece

Me encontraré más allá de las cadenas de la luz

Escapar de la luz

Escapar de la luz



Si miras la portada de la canción, ves a ese niño de 8 años corriendo por la playa junto a mi versión adulta, mientras esa figura siniestra flota al fondo. Encaja de forma escalofriante con la realidad: Escapar de la Luz es la huida desenfrenada de casi cinco décadas, pero también el punto donde el adulto vuelve para abrazar a ese niño, plantar cara a esa falsa luz y romper de una vez por todas las cadenas de ese tormento.

Francis Taza

viernes, 7 de agosto de 2026

Nuevo single - El muro de tu empatia

Hay una soledad muy amarga: la que sientes cuando rompes un silencio de décadas y descubres que la gente que te rodea no es capaz de aguantar el peso de tu verdad.

Este tema nace de la decepción de ver cómo algunos amigos le ponen límites a mi dolor. Quieren estar ahí, pero solo si no incomodo; quieren apoyarme, pero sin mirar las heridas. No lo hacen por maldad, sino por su propia incapacidad de gestionar un horror que les supera. Pero pedirme que no hable de «tanta pena» es pedirme que me vuelva a tragar el veneno que casi me destruye.

En su momento, gracias a Suno y a las posibilidades que me dio, pude crear My Book of Life, aquel proyecto en inglés que literalmente me salvó la vida. Ahora estoy trasladando todo al podcast Mi libro de vida, en castellano, y preparando un último disco (aún sin título) del que esta canción será el primer single.

Este disco hablara de mi vida, igual que los anteriores, pero con la visión que tengo hoy. Después de tanto luchar y de intentar sanar a través de mis canciones, así es como lo percibo, como lo siento y como lo vivo ahora mismo.



Y en la pagina de Suno https://suno.com/s/E4W08f3KX7lCYkdT

El muro de tu empatía no es una canción de odio, es desenmascarar la realidad. Es mi decisión firme de no volver a maquillar mi historia para no incomodar a nadie. Quien no pueda escuchar mi verdad, que se haga a un lado, porque la voz que me robaron a los 8 años ya no se vuelve a apagar por cuidar la comodidad de nadie.

El muro de tu empatía


Este silencio no es mi silencio

Es el refugio de tu comodidad

Dices estar si todo va bien

Pero mi verdad te hace dudar.


Cargué con la culpa cincuenta años

Y cuando por fin decido gritar

Me pides que apague mi propio fuego

Porque mi historia te hace temblar.


No quieres oír tanta pena

No sabes qué hacer con mi dolor

Prefieres la máscara que llevaba

A mirar de frente a mi destructor.


El muro de tu empatía

Se levanta ante mi dolor

El muro de tu empatía

Prefieres el silencio a mi voz.


Me das la espalda con cortesía

Diciendo que no puedes más

Me pides ayuda, pero con límites

Sin salpicar tu falsa paz.


Entiendo tu miedo, entiendo tu huida

No todos aguantan la oscuridad

Pero yo no voy a volver a callarme

Para cuidarte tu tranquilidad.


El muro de tu empatía

Se levanta ante mi dolor

El muro de tu empatía

Prefieres el silencio a mi voz.


Sigo adelante con mi cicatriz

Sin tu permiso para sangrar

La voz que me robaron de niño

Ya nadie la vuelve a apagar.


El muro de tu empatía

Es mi dolor

El muro de tu empatía

Es mi voz

El muro de tu empatía

mi voz


mi voz

Francis Taza



miércoles, 15 de julio de 2026

Mi libro de vida - podcast - Episodio 2 - El genesis e Insensible

El génesis




Hay momentos en la vida en los que el dolor te sobrepasa, en los que las palabras se quedan cortas y necesitas aferrarte a algo puro para empezar a sanar. Para mí, ese refugio siempre ha sido la música, pero lo que ha logrado Miguel Ángel Leal con su intro, The Genesis, va muchísimo más allá de lo que jamás pude imaginar.

Cuando me acerqué a él, con el alma en carne viva, y le conté todo lo que me había pasado, no hubo dudas, ni vacilaciones, ni distancias. Su respuesta fue un "sí" rotundo, un abrazo en forma de predisposición absoluta que jamás olvidaré. Le hice una petición que sé que no era fácil: le pedí que vertiera en esa intro todo ese dolor profundo que yo cargaba, pero también esa sanación que buscaba desesperadamente. Y vaya si lo hizo. Lo clavó de una manera que todavía me estremece.

Cada vez que escucho The Genesis, se me corta la respiración. Me siento plenamente identificado en cada nota, en cada acorde y en cada melodía que compone esa pieza. Es como si Miguel Ángel hubiera sabido leer directamente dentro de mi pecho y hubiera traducido mis cicatrices en música. Ha logrado plasmar el sufrimiento, la lucha y el renacimiento con una sensibilidad y una maestría que solo los grandes poseen.

Esta no es la primera vez que sumamos fuerzas; Miguel Ángel siempre ha estado ahí, colaborando conmigo mano a mano. Hemos compartido ya mucho camino y hemos dado vida a grandes proyectos juntos en los recopilatorios, pero creo que con esto hemos tocado un lugar muy especial. Gracias, Miguel Ángel, por tu generosidad, por tu talento indiscutible y por regalarme la obertura perfecta para este nuevo capítulo. Has convertido mi tormenta en puro arte.

Insensible




Siguiendo la línea de esos retazos de mi infancia que he ido narrando sobre mi padre y mi madre, hay un punto en el camino donde las cosas cambiaron de golpe. Yo recuerdo nuestra infancia como la de cuatro niños que se pasaban las horas jugando juntos a los soldaditos, a los coches, con muñecos y muñecas, y un largo etcétera de juegos normales de la edad.

Pero un día, de repente, surgió hacer algo diferente por parte del mayor de todos, que me sacaba de diferencia cinco años. No recuerdo si llegó a decirlo en voz alta delante de los cuatro, pero lo que sí sé es que dos de ellos se marcharon de la habitación, dejándome a mí a solas con él. Ahí fue donde empezó todo aquello.

Me vi metido en una situación donde recuerdo perfectamente posturas, las piernas hacia arriba, y cómo él me tocaba buscando una reacción física que, por la edad que yo tenía entonces, lógicamente no pasó. Tengo grabadas en la cabeza de forma constante las palabras que me decía mientras se movía, y recuerdo el momento en el que, después de aquello, se marchaba al servicio para acabar la faena a mano.

Para mí, en ese instante, aquello era simplemente una especie de juego nuevo e inventado por él, una situación extraña que se aceptaba como una regla más de las que surgían en la habitación de niños.
Detrás de todo esto, lo que me viene a la cabeza es cómo las reglas del juego iban cambiando; jugábamos a los Geyperman, a los Madelman o a los soldados que fueran, y claro, cuando llegaba la noche para los soldados, para nosotros también llegaba. Teníamos que meternos en la cama y entonces comenzaba de nuevo a tocarme y demás.
También recuerdo cómo veíamos la televisión en mi casa. Recuerdo a mi padre muy cerca de nosotros, trabajando y escribiendo de espaldas a donde estábamos, y el atrevimiento, debajo de la mesa camilla, de agarrarme la mano y llevarla hasta su...

Mucho tiempo después, mi mente, como un mecanismo de defensa para poder seguir adelante con mi vida, echó el cierre por completo. Hubo todo un tiempo de bloqueo en mi mente que tampoco logro recordar bien en fechas, pero sé que se protegió de esa manera y ocultó todo ese recuerdo durante muchísimos años. Tuvo que ocurrir una dolorosa despedida para que ese muro en mi cabeza se agrietara y todas esas sombras regresaran de golpe. Fue entonces, con la perspectiva del tiempo, cuando el peso de lo ocurrido cayó de verdad, al darme cuenta de que cargaba con todo ese silencio sin habérselo contado a nadie y sintiendo que me habían truncado la oportunidad de crecer con total felicidad.

No recuerdo cuántas veces pasó, ni lo que duraba, ni el momento exacto en que todo aquello acabó o terminó de manera definitiva. Pero esos juegos, o mejor dicho, esa perversidad, existieron de verdad, y fueron sin duda el comienzo de todo mi dolor existencial. Y digo existencial porque esto no fue una herida pasajera ni un simple mal recuerdo; fue algo muchísimo más profundo que afectó a toda mi existencia, a mi identidad, a mi paz interior y a mi forma de estar en el mundo. Esa perversidad no se quedó atrapada en la niñez, sino que se convirtió en una carga constante con la que he tenido que luchar en mi día a día, marcando las raíces de mi vida y condicionando mi libertad para poder ser feliz.

Poder volcar esta experiencia en la música ha sido lo más difícil que he hecho nunca. Sin embargo, hoy en día, cuando le doy al play y escucho la canción, noto que el efecto es muy distinto: ya no me hundo en el llanto, sino que me siento más fuerte por haber sido capaz de afrontar ese peso a través de mis letras. Ha sido mi manera de sacar fuera toda esa mezcla de rabia, ira y decepción que llevaba guardada, plantándole cara al trauma aunque todavía tenga la espina de decírselo algún día directamente a la cara. Sé perfectamente que convivir con estas secuelas es una batalla diaria y que no hay milagros de la noche a la mañana, pero componer este tema ha sido mi forma de liberarme. Mis canciones son mi búnker, el único lugar donde todo ese daño se transforma por fin en dignidad, en superación y en un poco de paz.

Aqui puedes oir y ver el podcast en youtube 




Y los videos solos

The genesis



Insensible


Insensible Desgarrando mi pasado encontré un niño con dolor acumulado ¿Por qué destruiste mi inocencia? ¿Necesitabas romper mi existencia? La traición de la fraternidad del mayor Cuarta línea de consanguinidad Sin esperar juegos, de este tipo cruel sin poder decir ni pensar Insensible, ¿por qué este juego conmigo? Insensible, sabías que me harías daño Insensible, pisoteaste mi confianza Insensible, terriblemente «TE ODIO» No quiero recordar, pero debo expresar Todo el dolor que me has causado, ni uno menos Intentar vivir mi vida, en paz y tranquilidad Pero es un largo camino, sin un bálsamo que cure Siguieron juegos desnudos, «ponte así» «tócame ahora» «probemos esto» «ven hacia mí» «agárrame fuerte» «¿quieres probar?» Los juegos se repetían bajo un cielo malvado Mi mente estuvo bloqueada durante años, es cierto Entonces ocurrió algo, un triste adiós Y los recuerdos, como sombras negras regresaron para traer de vuelta el sufrimiento Insensible, maldigo el día en que nací insensible, nunca se lo conté a nadie insensible, es hora de liberarme insensible, al menos intentar curarme Cada día está en mis pensamientos, una repetición constante todos esos momentos, en desorden Te recuerdo, pero no quiero verte Te mataría con mis propias manos, es verdad No pude tener una infancia feliz Por tu insensibilidad, es lo que provocaste Pero lo peor es ahora, no puedo vivir una vida plena Luchando con el trauma y la lucha constante Insensible, tengo que curarme, por eso hablo

Francis Taza

lunes, 22 de junio de 2026

Mi libro de vida - podcast - Episodio 1 - Infancia feliz - Papa y Mama

Nací un 6 de junio de 1970, en un mundo que se movía a otro ritmo, un ritmo más pausado, más tierno, donde la vida se medía en las risas en casa y en las tardes que parecían no acabarse nunca. Esos primeros años de mi vida, los que van desde la fecha indicada hasta que cumplí los 8 años, los pocos recuerdos que puedo tener guardados, están en mi memoria como un territorio de paz absoluta, un refugio de luz pura donde el dolor no existía y donde la inocencia lo inundaba todo.

En el centro de ese universo de juego y descubrimiento estaba mi hermano mayor, Rafa. Rafa era mi compañero de batallas, el cómplice de todas las aventuras que nos inventábamos con lo que tuviéramos a mano. Jugábamos muchísimo, a todas horas, estirando el tiempo hasta que el sol se ocultaba. Con él aprendí lo que significa la hermandad, el compartir, y esa complicidad ciega de los niños que se entienden solo con mirarse. En esa edad eramos inseparables, dos niños creciendo libres, con la seguridad de saber que el mundo era un lugar seguro y hermoso porque las columnas que lo sostenían eran indestructibles: nuestros padres. Mi padre era un hombre serio, de una rectitud impecable, educado y honesto hasta la médula. De él se desprendía un respeto natural; era la calma, la palabra justa, el ejemplo vivo de la integridad. Pero esa seriedad no distanciaba, al contrario, daba una seguridad inmensa. Sabías que bajo su mirada nada malo podía pasarte. Y el contraste perfecto, el equilibrio que hacía que la casa fuera una felicidad constante, era mi madre. Mi madre era la felicidad personificada, risueña, con una luz que contagiaba cada rincón. Ella y mi padre se complementaban de una forma hermosa y nos daban cariño a raudales, sin condiciones, sin guardarse nada. No hacían falta grandes lujos ni cosas materiales, porque el amor se respiraba en el aire, se notaba en los abrazos y en la manera en que nos miraban. Tengo grabados a fuego en el corazón los domingos en casa. Eran días mágicos, lentos, con un olor especial. Mientras el día iba despertando, de fondo siempre sonaba música clásica, llenando el salón, envolviéndolo todo con una armonía que te hacía sentir en paz absoluta. Esa banda sonora de mis mañanas de domingo se mezclaba con el olor a cocina casera, ya fuera arroz a la banda, gazpachuelo o el día que le preguntaba qué había hecho de comer nos contestaba, pucherete. Recuerdo visitas de mis abuelos, de mis tíos, de la tía de los pinos con el cachane o algo así, también recuerdo visita de mis tíos y primos de Sevilla, de paseos con amigos de mis padres. Cuando íbamos a ver a mi abuela Ana que me guardaba sus ricas galletas y me daba plátanos a los que yo llamaba trus trus y ya con el tiempo mis tios me trajeron una pequeña y graciosa prima llamada también Ana que es mi hermanita pequeña y a la que siempre he querido con locura. Recuerdo ir, a veces andando y otras en bus a casa de mis abuelos Paco e Isabel al campo, días completos en familia de campo y comida. Recuerdo tardes en casa viendo los payasos de la tele, o dibujos o series de la época. Intento recordar, puedo mezclar a lo mejor distintas épocas pero todas de pequeño. Recuerdo que jugaba con primos que vivian cerca de casa. Salíamos, entrábamos, nos juntábamos una panda de niños a jugar en la calle o en casa, correteando por las calles, compartiendo una infancia dulce y arropada por una familia unida que celebraba el simple hecho de estar junta. En esos primeros 8 años de vida, mis padres pusieron en mí los cimientos de la persona que soy. Sin saberlo, me estaban entregando las herramientas más valiosas, el escudo más fuerte para el futuro. Ellos me enseñaron a amar sin miedo, a confiar en los demás con los ojos cerrados porque el mundo que me rodeaba era noble, y a querer con el alma limpia. Fue una infancia bañada en oro, una época de paz tan profunda que, incluso hoy, al mirar atrás, puedo oír la música clásica de los domingos y sentir el abrazo cálido de mis padres, recordándome que allí comenzó mi historia, en la pureza más absoluta. Aquellos primeros ocho años fueron un regalo de pura inocencia. Quién me iba a decir a mí entonces cómo cambiaría mi mundo un tiempo después... Pero esa ya es otra página de mi libro. Hoy nos quedamos en esta luz, con este viaje al pasado y con el homenaje más especial de mi vida: las canciones de mis padres.
Francis Taza

martes, 5 de mayo de 2026

Portadas y contraportadas de My book of life

Sin ya mucho más que decir me gustaría dejar por aquí las portadas, que ya las puse en su dia y ahora también las contraportadas, siempre me ha gustado los detalles y en la medida de lo que sé hacer, pues eso, a mi manera. 





 


 









Doy por cerrada una etapa que me ha costado más lágrimas que sudor, donde a través de mis letras y exponer mi vida, creando canciones para llevar el mensaje donde el viento las deje. 

Me gustaría seguir o intentar ayudar con este mismo mensaje, pero no se si sera posible ya, voy caminando muy cansado de tanto sufrimiento, ganas no me faltan, solo encontrar la manera, sea escribiendo, recitando o dando charlas, pero siempre con mi mensaje de resiliencia, de luchador y de la sanación que es posible. Buscando llegar a otros públicos, a niños, a padres necesitados de ayuda, etc...

Decir que hay una banda de hard rock de madrid que quiere grabar una de mis canciones y eso me halaga muchísimo y me alegra lo máximo que se pueda alegrar uno. Para eso están mis canciones y las voy a dejar en mi blog y en youtube para quien quiera descubrir mi viaje de resiliencia y sanación

Para contactar conmigo sigue abierto mi wassap 621064811 y mi correo Francistaza@gmail.com para cualquier pregunta, duda, entrevista, observacion, reseña, solicitar una canción para tocarla o grabarla.

Gracias a todos y todas los que siempre habéis estado a mi lado y mis más sinceras disculpas por no poder hacer más.

Yo solo os desearé lo que siempre he buscado, PAZ.

Francis Taza