Persiguiendo mi destino
Hay cicatrices que no se ven a simple vista, pero que marcan cada paso que das por la calle. Durante décadas he caminado con la sensación de llevar encima un disfraz, una coraza pesada construida para protegerme de un mundo que no dudó en juzgarme, etiquetarme y hacerme sentir pequeño desde que apenas tenía ocho años. A veces, el peso de esa mirada ajena y el ruido del pasado se convierten en una carga que no te deja respirar.
Crecer con esa marca cambia la forma en que miras a los demás y, sobre todo, cómo te miras a ti mismo. Te acostumbras a caminar rozando las paredes, midiendo cada gesto y esperando siempre el golpe o la burla a la vuelta de la esquina. Aprendes a construir un personaje para sobrevivir al día a día, pero por dentro la herida sigue abierta, recordando a cada instante que no te dejan ser quien realmente eres.
En esa búsqueda por saber dónde encajaba y por acallar el miedo, busqué respuestas en espacios al margen, en la piel de quienes también vivían en las sombras y compartían la necesidad de sentir sin juzgar. Fue un camino a tientas, entre miradas y encuentros en la penumbra, intentando entender mi propia identidad y comprobar que mi alma es de hombre, por mucho que las mentiras del pasado intentaran decir lo contrario.
Fueron años de andar a ciegas, buscando reflejos en espejos rotos y tratando de descifrar un puzle al que siempre le faltaban piezas. Cada paso en esa penumbra era un intento desesperado por encontrar un lugar seguro, un refugio donde no hiciera falta dar explicaciones ni pedir perdón por existir.
Aunque las dudas amenazaran con volver, también en esa intimidad encontré una certeza: que tras la armadura hay un hombre capaz de sentir, de levantarse y de pelear. Todo ese recorrido no fue un desvío; fue parte del proceso para comprender que soy mucho más que esa herida.
Entender que el dolor no define tu valor lleva tiempo, sudor y muchas noches en blanco. Exige mirar a la cara a los fantasmas que te acompañaron desde la infancia y decirles que ya no tienen poder sobre ti. Que las etiquetas que te pusieron de niño eran solo el reflejo del veneno de otros, no tu verdad.
Hoy sigo persiguiendo ese destino que me dé la paz que necesito. Sigo quitándome de encima un disfraz que ya no me pertenece. Sé que no es un cambio mágico; sigo vigilando mi espalda y manteniendo la guardia alta porque el instinto no se borra tan fácil. Pero hay una diferencia fundamental: ese niño que estuvo atrapado en el fango y sin nombre, hoy por fin se mira al espejo, se reconoce y se nombra.
Enlace a Ivoox
https://www.ivoox.com/episodio-30-persiguiendo-mi-destino-audios-mp3_rf_182887504_1.html
El podcast en YouTube
El video
La canción en suno https://suno.com/s/4ipOwgVsUOvSkkfG
Persiguiendo mi destino
Ocho años apenas y el mundo se hundió
En juegos desnudos que el tiempo ensució
Una frase maldita que me hizo dudar
Y desde ese día solo quiero huir
Camino en sombras para no estorbar
Un muro de hielo difícil de cruzar
Me llamas borde por no ver mi miedo
por no ver las marcas que llevo en el cuerpo
Vigilo mi espalda, no dejo pasar
A nadie que el alma me pueda tocar
Tapando con ropa lo que siento mal
En este desierto de juicio constante
Mi destino está lejos, donde no haya voz
que me ponga etiquetas o me diga adiós
Donde mi reflejo no me haga sufrir
Y encuentre por fin una forma de vivir
Persiguiendo mi destino que me dé la paz
Para este niño roto que hoy es…¿Quién?
Persiguiendo mi destino, buscando el perdón
Para este niño roto que hoy es… ¿Qué?
Busqué en otros cuerpos saber quién era yo
Pero el eco del asco nunca se marchó
Ni el tamaño, ni el nombre, ni lo que dirán
Son dardos de fuego que vienen y van
Soy el silencio que cruza la calle
El que no permite que nadie se acerque
Guardando la espalda de un mundo malvado
Vigilando sombras en cada detalle
Ni un paso por detrás, ni una mirada
Siento el peso de una burla grabada
Creyendo que mi cuerpo cuenta una historia
Que solo es un trauma atrapado en mi memoria
Busqué en el espejo y no vi más que dudas
En noches de insomnio y de manos desnudas
Comprobando en otros lo que yo ya sabía
Que mi alma es de hombre, aunque el miedo mentía
Persiguiendo mi destino que me dé la paz
Y me quite de encima este puto disfraz.
Persiguiendo mi destino, buscando el perdón
Para este niño roto que hoy no tiene nombre
Me siento pequeño ante el juicio del mundo
Llevando este peso, un dolor tan profundo
Pero en la mirada de quien se me entrega
Encuentro la fuerza que el miedo me niega
No soy lo que parezco, me dijeron un día
Tras mi timidez hay una fuerza escondida
Aunque me odie a ratos y me tape la cara
Soy mucho más que esa herida tan rara
Persiguiendo mi destino que me dé la paz
Y me quite de encima este puto disfraz
Persiguiendo mi destino ooohhhhhh
Persiguiendo mi destino
Persiguiendo un rastro que el miedo borró
Persiguiendo mi destino, buscando el perdón
Para este niño roto que hoy... por fin se nombra



