miércoles, 15 de julio de 2026

Mi libro de vida - podcast - Episodio 2 - El genesis e Insensible

El génesis




Hay momentos en la vida en los que el dolor te sobrepasa, en los que las palabras se quedan cortas y necesitas aferrarte a algo puro para empezar a sanar. Para mí, ese refugio siempre ha sido la música, pero lo que ha logrado Miguel Ángel Leal con su intro, The Genesis, va muchísimo más allá de lo que jamás pude imaginar.

Cuando me acerqué a él, con el alma en carne viva, y le conté todo lo que me había pasado, no hubo dudas, ni vacilaciones, ni distancias. Su respuesta fue un "sí" rotundo, un abrazo en forma de predisposición absoluta que jamás olvidaré. Le hice una petición que sé que no era fácil: le pedí que vertiera en esa intro todo ese dolor profundo que yo cargaba, pero también esa sanación que buscaba desesperadamente. Y vaya si lo hizo. Lo clavó de una manera que todavía me estremece.

Cada vez que escucho The Genesis, se me corta la respiración. Me siento plenamente identificado en cada nota, en cada acorde y en cada melodía que compone esa pieza. Es como si Miguel Ángel hubiera sabido leer directamente dentro de mi pecho y hubiera traducido mis cicatrices en música. Ha logrado plasmar el sufrimiento, la lucha y el renacimiento con una sensibilidad y una maestría que solo los grandes poseen.

Esta no es la primera vez que sumamos fuerzas; Miguel Ángel siempre ha estado ahí, colaborando conmigo mano a mano. Hemos compartido ya mucho camino y hemos dado vida a grandes proyectos juntos en los recopilatorios, pero creo que con esto hemos tocado un lugar muy especial. Gracias, Miguel Ángel, por tu generosidad, por tu talento indiscutible y por regalarme la obertura perfecta para este nuevo capítulo. Has convertido mi tormenta en puro arte.

Insensible




Siguiendo la línea de esos retazos de mi infancia que he ido narrando sobre mi padre y mi madre, hay un punto en el camino donde las cosas cambiaron de golpe. Yo recuerdo nuestra infancia como la de cuatro niños que se pasaban las horas jugando juntos a los soldaditos, a los coches, con muñecos y muñecas, y un largo etcétera de juegos normales de la edad.

Pero un día, de repente, surgió hacer algo diferente por parte del mayor de todos, que me sacaba de diferencia cinco años. No recuerdo si llegó a decirlo en voz alta delante de los cuatro, pero lo que sí sé es que dos de ellos se marcharon de la habitación, dejándome a mí a solas con él. Ahí fue donde empezó todo aquello.

Me vi metido en una situación donde recuerdo perfectamente posturas, las piernas hacia arriba, y cómo él me tocaba buscando una reacción física que, por la edad que yo tenía entonces, lógicamente no pasó. Tengo grabadas en la cabeza de forma constante las palabras que me decía mientras se movía, y recuerdo el momento en el que, después de aquello, se marchaba al servicio para acabar la faena a mano.

Para mí, en ese instante, aquello era simplemente una especie de juego nuevo e inventado por él, una situación extraña que se aceptaba como una regla más de las que surgían en la habitación de niños.
Detrás de todo esto, lo que me viene a la cabeza es cómo las reglas del juego iban cambiando; jugábamos a los Geyperman, a los Madelman o a los soldados que fueran, y claro, cuando llegaba la noche para los soldados, para nosotros también llegaba. Teníamos que meternos en la cama y entonces comenzaba de nuevo a tocarme y demás.
También recuerdo cómo veíamos la televisión en mi casa. Recuerdo a mi padre muy cerca de nosotros, trabajando y escribiendo de espaldas a donde estábamos, y el atrevimiento, debajo de la mesa camilla, de agarrarme la mano y llevarla hasta su...

Mucho tiempo después, mi mente, como un mecanismo de defensa para poder seguir adelante con mi vida, echó el cierre por completo. Hubo todo un tiempo de bloqueo en mi mente que tampoco logro recordar bien en fechas, pero sé que se protegió de esa manera y ocultó todo ese recuerdo durante muchísimos años. Tuvo que ocurrir una dolorosa despedida para que ese muro en mi cabeza se agrietara y todas esas sombras regresaran de golpe. Fue entonces, con la perspectiva del tiempo, cuando el peso de lo ocurrido cayó de verdad, al darme cuenta de que cargaba con todo ese silencio sin habérselo contado a nadie y sintiendo que me habían truncado la oportunidad de crecer con total felicidad.

No recuerdo cuántas veces pasó, ni lo que duraba, ni el momento exacto en que todo aquello acabó o terminó de manera definitiva. Pero esos juegos, o mejor dicho, esa perversidad, existieron de verdad, y fueron sin duda el comienzo de todo mi dolor existencial. Y digo existencial porque esto no fue una herida pasajera ni un simple mal recuerdo; fue algo muchísimo más profundo que afectó a toda mi existencia, a mi identidad, a mi paz interior y a mi forma de estar en el mundo. Esa perversidad no se quedó atrapada en la niñez, sino que se convirtió en una carga constante con la que he tenido que luchar en mi día a día, marcando las raíces de mi vida y condicionando mi libertad para poder ser feliz.

Poder volcar esta experiencia en la música ha sido lo más difícil que he hecho nunca. Sin embargo, hoy en día, cuando le doy al play y escucho la canción, noto que el efecto es muy distinto: ya no me hundo en el llanto, sino que me siento más fuerte por haber sido capaz de afrontar ese peso a través de mis letras. Ha sido mi manera de sacar fuera toda esa mezcla de rabia, ira y decepción que llevaba guardada, plantándole cara al trauma aunque todavía tenga la espina de decírselo algún día directamente a la cara. Sé perfectamente que convivir con estas secuelas es una batalla diaria y que no hay milagros de la noche a la mañana, pero componer este tema ha sido mi forma de liberarme. Mis canciones son mi búnker, el único lugar donde todo ese daño se transforma por fin en dignidad, en superación y en un poco de paz.

Aqui puedes oir y ver el podcast en youtube 




Y los videos solos

The genesis



Insensible


Insensible Desgarrando mi pasado encontré un niño con dolor acumulado ¿Por qué destruiste mi inocencia? ¿Necesitabas romper mi existencia? La traición de la fraternidad del mayor Cuarta línea de consanguinidad Sin esperar juegos, de este tipo cruel sin poder decir ni pensar Insensible, ¿por qué este juego conmigo? Insensible, sabías que me harías daño Insensible, pisoteaste mi confianza Insensible, terriblemente «TE ODIO» No quiero recordar, pero debo expresar Todo el dolor que me has causado, ni uno menos Intentar vivir mi vida, en paz y tranquilidad Pero es un largo camino, sin un bálsamo que cure Siguieron juegos desnudos, «ponte así» «tócame ahora» «probemos esto» «ven hacia mí» «agárrame fuerte» «¿quieres probar?» Los juegos se repetían bajo un cielo malvado Mi mente estuvo bloqueada durante años, es cierto Entonces ocurrió algo, un triste adiós Y los recuerdos, como sombras negras regresaron para traer de vuelta el sufrimiento Insensible, maldigo el día en que nací insensible, nunca se lo conté a nadie insensible, es hora de liberarme insensible, al menos intentar curarme Cada día está en mis pensamientos, una repetición constante todos esos momentos, en desorden Te recuerdo, pero no quiero verte Te mataría con mis propias manos, es verdad No pude tener una infancia feliz Por tu insensibilidad, es lo que provocaste Pero lo peor es ahora, no puedo vivir una vida plena Luchando con el trauma y la lucha constante Insensible, tengo que curarme, por eso hablo

Francis Taza

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