Mi libro de vida - podcast - Episodio 3 - Escapar de la luz
Hay heridas que abren la carne, pero hay intromisiones en el corazón que resultan directamente mortales.
Ocurrió casi de seguido, en aquel mismo tiempo en que sufría el primer abuso.
Mientras mi mente de niño intentaba asimilar el golpe, apareció ella a la que en esta canción llamo "Luz", con toda la ironía del mundo, porque no trajo claridad sino la maldad más pura, fría y cegadora, aparte de llamarse así.
Vino a mofarse, a reírse y a atacar mi sexualidad de la forma más vil imaginable delante de todos. Yo era solo un niño de 8 años. Un niño que representaba la pureza, la inocencia, el juego y la limpieza del mundo. No sabía nada de la vida, no entendía qué era aquello, ni cómo debía actuar, ni cómo debía hablar, ni qué se suponía que tenía que hacer. No tenía herramientas para defenderme, ni alcance para comprenderlo, pero la crueldad de las risas y los cánticos me hizo saber que algo estaba terriblemente mal.
Por vergüenza y por ya pensar que todo andaba mal a mi alrededor, jamás se lo conté a mis padres ni a nadie. Me lo tragué todo en absoluto silencio. Y el verdadero dolor que arrastro no es solo aquel golpe inicial, sino la pesadilla diaria que tuvo que sufrir aquel niño solo en el mundo tanto tiempo solo y con eso dentro.
Sin saber cómo reaccionar, me replegué. No solo huí hacia afuera: huí hacia lo más profundo de mi interior. Todo se atrancó en mi alma. Empecé a agachar la cabeza y a esconder mi propio cuerpo. Me tapaba con prendas largas hasta en pleno verano porque esa humillación me hizo aborrecer todo lo que salía de mí: mi imagen, mis maneras, mi voz, mi propia existencia.
Aquellos dos traumas me hundieron por completo. Esa soledad se apoderó de mí y se volvió una condena que ha arruinado mi vida. Las burlas y las risas aún resuenan hoy en mi cabeza con el mismo mal de entonces. La paranoia se convirtió en mi sombra: aunque llegase el primero para ponerme en la fila del colegio, no podía soportar tener a nadie a la espalda; dejaba que todo el mundo me pasara para tener a todos de frente. Así fue en el colegio, en el instituto, en la calle y en la mili. La idea de ir a viajes de fin de estudio, a excursiones o a sitios con multitudes me aterraba. Relacionarme con chicas de joven era un muro gigante. Incluso hoy, después de casi cinco décadas, el sonido de unas pisadas detrás de mí me paraliza por completo, haciéndome imposible dar un paso tras otro.
He caminado en soledad durante 47 años, con poquísimos amigos que milagrosamente se acercaban a mí sin juzgarme. Es ahora, en el presente, cuando por fin cuento con el apoyo de mis amigos y de la familia que me sostiene e intenta ayudarme en medio de esta tormenta.
Siempre escondiéndome, esquivando, fuera de control
Nadie me vio, a nadie le importó protegerme
Siempre huyendo de esa luz que se mostró
Las sombras me persiguen día y noche
Las cicatrices no se curan, el odio arde con tanta intensidad
Detesto la luz que me hizo dudar
Mi vida está estancada, no encuentro una salida
¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?
Escapar de la luz, es todo lo que sé
De sus palabras crueles no puedo escapar
Atrapado en recuerdos que no puedo borrar
Escapar de la luz
Escapar de la luz
He conocido el amor, he conocido la pérdida
Pero su luz destrozó el rumbo de mi vida
Sigo buscando una nueva forma de ser
Mi mejor amigo me ayuda a liberarme
¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?
Escapar de la luz, es todo lo que sé
sus palabras aún me persiguen, pero me liberaré
De la luz que intentó cegarme
Una vida, un dolor, pero la esperanza permanece
Me encontraré más allá de las cadenas de la luz
Escapar de la luz
Escapar de la luz
Si miras la portada de la canción, ves a ese niño de 8 años corriendo por la playa junto a mi versión adulta, mientras esa figura siniestra flota al fondo. Encaja de forma escalofriante con la realidad: Escapar de la Luz es la huida desenfrenada de casi cinco décadas, pero también el punto donde el adulto vuelve para abrazar a ese niño, plantar cara a esa falsa luz y romper de una vez por todas las cadenas de ese tormento.
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