Esta canción surge de todos los intentos de ayudar a través de mis canciones que estoy haciendo y al otro lado solo veo indiferencia, aunque hay una mínima ayuda, dos que comparten y 10 de prensa, a los que les estare eternamente agradecido, que frente al resto que tengo en rrss y listados de prensa, se queda en poco poquísimo. Yo con que llegue a una persona me sentiré orgulloso del proyecto, pero yo quiero mas, necesito mas, necesito ayudar a estos niños y ese mensaje de que siempre hay salida no se quede en el algoritmo.
Este sentimiento y esta canción nacieron hace poco tiempo, aunque yo gracias a estas canciones estoy sanando solo quería poder intentar ayudarlos a ellos, así que le estoy dando formas a ideas diferentes visto lo visto, no podrán conmigo, me adaptaré a lo que sea que venga y a seguir luchando por estos niños y niñas. Ya lo dice otra canción, nadie dará lo que tu das y es obvio, mas que eso, y lo que veo tras las rrss es que el progreso es un sueño invisible.
- Miedo al fracaso
Escribir sobre esto no es solo un acto de desahogo, es un acto de supervivencia. Lo hago en primera persona porque no conozco otra forma de hablar de una herida que todavía supura, que todavía me quema por dentro aunque pasen los años.
No os imagináis lo que es vivir con una sombra que no se despega de tus talones. Lo que yo sufrí no fue solo un momento, fue una fractura en mi alma que me persigue cada vez que cierro los ojos, cada vez que el silencio en mi habitación se vuelve demasiado denso. Por eso insisto tanto, por eso parezco un martillo golpeando siempre el mismo clavo. No es que quiera regodearme en el dolor, es que el dolor es el inquilino que nunca paga el alquiler y se niega a marcharse de mi cabeza.
Me mata, me destroza por dentro pensar que en este mismo segundo, mientras tú lees esto, hay un niño o una niña perdiendo su inocencia, viendo cómo el mundo se vuelve un lugar oscuro y terrorífico antes de tiempo. Esa idea me revuelve las entrañas. Un niño no debería saber lo que es el miedo en manos de un adulto, no debería cargar con un secreto que pesa más que su propio cuerpo. Por ellos es por los que no me voy a callar nunca.
Necesito vuestra ayuda para compartir mis canciones y mi historia. No busco fama, busco resonancia. Cuando compartes una de mis letras, estás lanzando un salvavidas a alguien que quizás cree que está solo en su pozo. La música tiene ese poder de llegar donde las palabras se quedan cortas; una canción puede ser el abrazo que yo no tuve o la voz que me robaron cuando era pequeño. Compartir es mi terapia, pero también es mi escudo de guerra.
Si nos callamos, ganan ellos. Si ocultamos la cicatriz, la herida nunca deja de infectarse. Insisto porque cada vez que alguien escucha mi verdad, el monstruo que me persigue se hace un poco más pequeño. Ayudadme a que este grito llegue lejos, porque cada vez que compartes, estás ayudando a construir un muro contra el abuso y una mano tendida para los que, como yo, seguimos intentando encontrar la paz en mitad del ruido. Durante mucho tiempo, mi mayor temor fue el silencio. Era ese miedo que nace tras el trauma, una ansiedad que me hacía sentir prisionero de mis propios pensamientos, como si viviera en un laberinto donde solo escuchaba mis propios pasos. Era un miedo hacia adentro, una lucha por no desaparecer en la oscuridad de lo que me había sucedido. Sin embargo, hoy ese miedo ha mutado. Ha dejado de ser una sombra del pasado para convertirse en una angustia del presente. Ya no temo a mis recuerdos; ahora temo a mi propia impotencia.
Este nuevo sentimiento nace de mi deseo de ayudar, de mi urgencia por evitar que otros pasen por lo que yo pasé. Pero al intentar avanzar, me he encontrado con una realidad agotadora: la falta de apoyo y la indiferencia. Es el miedo al fracaso, pero no un fracaso personal, sino el fracaso de una misión. Lo que más me duele es sentir que el progreso es un sueño invisible. Es una frase que me persigue porque define mi agotamiento. Es la sensación de estar dejándome la piel, los huesos y la salud por un cambio que nadie más parece querer ver o construir conmigo. Es ver una meta necesaria, una luz al final del túnel para esos niños, y sentir que, por más que corro hacia ella, sigue siendo un espejismo porque no tengo las manos suficientes para alcanzarla. Mientras que aquel primer miedo me paralizaba el alma, este me quema el cuerpo. Me duele el esfuerzo de intentar salvar a otros mientras siento que yo mismo me rompo en el intento. Es la dura confesión de alguien que quiere ser motor de cambio, pero que se encuentra con que su combustible se agota al ver que, a pesar de todo el amor y la entrega, el mundo sigue mirando hacia otro lado. Hoy no les hablo desde el pasado, les hablo desde la trinchera de quien intenta construir un futuro y teme que ese futuro sea, simplemente, invisible.
Miedo al fracaso Abro las manos y no encuentro nada solo el silencio de una pantalla vacía Tengo el impulso de salvar a esos niños pero el mundo me devuelve la espalda Busco aliados y solo veo muros falta el apoyo para llegar a quien sufre Si no hay recursos, mi voz no alcanza y el mensaje se queda atrapado en mi garganta Siento que mi luz se está apagando poco a poco estoy angustiado, el fracaso me respira cerca Me duele el cuerpo de intentar seguir adelante el camino me dice que es miedo al fracaso Veo los rostros de los que necesitan ayuda pero mis manos están atadas por la indiferencia Es una impotencia que se clava en los huesos un nudo en el pecho que no me deja respirar A veces pienso que quizás me equivoqué de ruta que querer darlo todo fue mi gran sentencia Sin apoyo, la ayuda es solo un concepto y yo me hundo mientras intento sacarlos a ellos Siento que mi luz se está apagando poco a poco estoy angustiado, el fracaso me respira cerca Me duele el cuerpo de intentar seguir adelante el camino me dice que es miedo al fracaso Me duele la espalda, me duelen las sienes el estrés se ha vuelto mi única compañía Miro el futuro y lo veo demasiado cerca ese final que no quiero, pero que me acecha Quisiera fuerzas para un último intento pero mi motor ya no tiene combustible Ayudar es mi vida, pero me estoy rompiendo por ver que el progreso es un sueño invisible Siento que mi luz se apaga veo mi miedo al fracaso Me duele hasta respirar me quema el alma mi luz, si alguna vez la tuve, ya no la veo este era el último miedo que me quedaba por vivir mi miedo al fracaso
Francis Taza

No hay comentarios:
Publicar un comentario